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2012: Ficción y Realidad
Actualizado (Martes, 17 de Noviembre de 2009 18:37) Escrito por Gerardo Said Martes, 17 de Noviembre de 2009 18:11
Por José Luis Gutiérrez Lozano
Se estrenó a nivel mundial la película que recrea la ficción que en forma catastrofista se ha difundido sobre el supuesto fin del mundo en el año 2012. La norma en Hollywood ha sido aprovechar cualquier oportunidad para hacer negocio. No es nuevo ver una película que explota un tema de moda, la ignorancia y los más básicos miedos existenciales. No obstante esta nueva obra cinematográfica de ficción se entremezcla con la realidad a través del vértigo cotidiano. El fin de este mundo que conocemos, no necesita más artificios ni efectos especiales de los que ya ofrece abundantemente la realidad.
Conforme al estado actual de la ciencia, no existe al día de hoy la tecnología y el conocimiento para predecir un cataclismo físico como el que, dicen, adelantan las profecías. Más aún, los más serios mayistas y arqueoastrónomos niegan rotundamente que nuestros ancestros hayan predicho un evento cósmico que en 2012 pudiera provocar el fin del mundo. La alineación planetaria anunciada no puede ser prevista con el sistema astronómico de nuestra ciencia actual.
La destrucción del mundo conocido, sin embargo, está teniendo lugar en los ámbitos que no pueden estudiarse con los más modernos radiotelescopios, sismógrafos ni sensores de actividad volcánica. Es demasiada soberbia la de la actual humanidad que con su pequeñez y gran limitación al conocimiento de los profundos misterios del universo pretende negar lo que existe pero su ciencia no puede probar.
Si bien la física cuántica permite atisbar una realidad distinta a la tradicionalmente conocida por la física newtoniana, aún la ciencia moderna no puede medir, pesar ni registrar fenómenos en el campo de un orden orden universal del cual la mente humana es una parte. A diferencia de las ya conocidas fobias milenaristas, en esta ocasión todo el orbe comparte una intuición en ese ámbito que puede llamarse mente colectiva: el sentimiento de que ya no es posible continuar con los paradigmas conocidos.
Muchos niegan la inminencia de un cambio de nuestra realidad en los próximos años. No les falta razón, bajo la perspectiva misma de la razón: nada ha pasado antes. Pero los que no se registran son los cambios a nivel conciencias individuales y colectivas. La historia europea registra suicidios aislados y actos vandálicos derivados de la psicosis con que el vulgo recibió el fin del primer milenio de nuestra era. Los cambios de fines del siglo XIX, cuando también se pronosticaba el fin del mundo, llevaron a Occidente hacia nuevos estadios de evolución literaria y cultural junto con modernos esquemas sociales, políticos y económicos.
La conformación sociopolítica del mundo del siglo XX, habría de llevar a una nueva y distinta visión del anunciado fin de los tiempos. Bajo el dominio de los grandes poderes fácticos, los medios masivos de información, el control de la disponibilidad alimentaria, la industria militar, la industria farmacéutica y la banca, se fomentaron los miedos del segundo milenio. Infundiendo en el inconsciente colectivo el terror a la destrucción externa -el terrorismo, el peligro para México, el virus de la influenza- los grupos de control construyeron a su favor lo que esperaban les diera mayor poder frente a una población cada vez más difícil de manipular. El 2012 hollywoodesco contribuye a inducir, con ayuda de falsos profetas del “new age”, una catástrofe en forma de amenaza exterior. Ésta tiende a distraer del verdadero cambio: el fin del mundo conocido controlado por los linajes de la angloeoesfera y sus satélites.
Aunque aún es mayoría la población adormecida, ya cada vez menos se chupan el dedo. Los propios mecanismos por los que pretenden mantener el control, están creando la animadversión necesaria para el despertar de la conciencia.
En los E.E.U.U. la inútil e inexplicable guerra en Irak, la pérdida de las libertades civiles con las leyes “Patriot Act” y “Homeland Security Act” y la inocultable voracidad de la banca en quiebra llevó a los electores a votar por el cambio. En México, donde el gobierno sigue los mismos pasos, la población tiende a sentir que ya no es posible continuar así. Habrá que cambiar, por las buenas o por las malas. Se está colmando la paciencia con la costosa militarización de ciudades y fronteras, el continuo deterioro del poder adquisitivo y la pérdida de libertades civiles.
El factor económico es hoy en día clave en este cambio porque es el que más gente resiente. La torpeza con que el sistema jurídico pretende defender la imposición de los poderosos provoca a muchos cuestionarse el porqué seguir callando y obedeciendo. Las muestras de que esto ya no pude seguir igual son demasiadas: se aplastan y niegan derechos laborales. Se niega el amparo a quienes reclamaron la inconstitucionalidad del IEPS; la suprema corte arguyó con una falacia que implica una grave confusión en los términos de proporcionalidad y progresividad. Se impone contra toda lógica el aumento de impuestos en una época recesiva. Se permite que varios consorcios evadan o eludan una cantidad de impuestos equivalente a ocho veces lo que se logrará captar con los aumentos. Se modifica el código fiscal que considera delincuentes a priori a los causantes.
Profecías del 2012 o no, es percepción generalizada que se está dando la destrucción del mundo como lo conocemos. Pero más allá de la ficción y de las manipulaciones mediáticas, la catástrofe implica la destrucción de las instituciones económicas, sociales y políticas tal y como las conocemos. El cambio es a nivel de conciencia individual y se dará desde adentro hacia afuera. Todo se concreta en la forma como actuamos y respondemos a las agresiones que recibimos del sistema preponderante. Agresiones tales como aumento de impuestos, imposición del estado totalitario y militarización, contracción económica, despidos laborales, quiebra de los fondos de ahorro, guerra química y viral contra la población, pueden tomarse con temor y coraje o con una serena actitud de no colaboración.
Ese es precisamente el cambio de realidad al que nos enfrentamos. A la vuelta de la esquina está el fin del mundo conocido que reacciona con violencia frente a la violencia, con temor frente a la impotencia. La conciencia (propiedad del espíritu humano de reconocerse en sus atributos esenciales y en todas las modificaciones que en sí mismo experimenta) está registrando cambios de gran trascendencia. Qué importa si el cambio es provocado en parte por evolución propia y en parte por inducción externa, social y tal vez cósmica. El hecho es que ya hay una clara tendencia a perder el miedo y reencontrarnos con nuestra propia identidad poderosa en cuanto a que nos reconocemos como parte de un Todo único que dice ¡ya basta! al control por obediencia ciega a quien nos atemoriza. La aceptación de esa nueva conciencia, del mundo transformado, proviene de la aceptación del otro como parte de uno mismo, con la identidad que nos lleva a la colaboración y disponibilidad hacia el otro. Es la nueva conciencia se hace valer a nivel del rescate de los derechos humanos fundamentales: los económicos, sociales, culturales y ambientales. Lo importante ahora, lo crucial estriba en que sepamos conducir la protesta frente a la agresión de los poderes fácticos, hacia la propuesta pacífica, de no colaboración serena y contundente. Con no-violencia, con disponibilidad y ayuda mutua se logrará que el hartazgo social valide las profecías del fin del mundo, el fin de la realidad que conocemos en favor de un estadio superior de vida.
Nota:
(1) Angloesfera es el término usado en política para referirse a los siete países que comparten la cultura anglosajona y protestante. El término angloesfera encapsula de manera moderada el concepto de la supremacía anglosajona sobre las demás razas, la cual se atribuye a la fineza del carácter inglés y de la cultura inglesa, afirmando que es este carácter especial lo que les ha permitido a los anglosajones dominar el mundo de la manera benéfica en la que actualmente lo hacen. Dos angloesferistas famosos fueron Ronald Reagan y Margaret Thatcher. Thatcher impulsó el concepto de la angloesfera como una forma de contrarrestar el creciente poderío de Francia y Alemania en la Europa comunitaria.
Laughland, J. ,Why the “Anglosphere” Is No Alternative for the EU, The Brussels Journal, enero 2 de 2008.
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